Salir de la incertidumbre requiere temple de acero y una gran confianza en el futuro. Nadie sale ileso de una pandemia ( que no deja de ser una guerra silenciosa contra un enemigo invisible) ya que no solo se trata de contraer o no el virus, sino de convivir con los altibajos emocionales, adaptarse a las nuevas reglas que se imponen, comunicarnos de una manera diferente, enfrentar el miedo a la escasez y armar nuevas rutinas. No todos tienen la dicha de tener el sueldo asegurado a fin de mes, los despidos son inevitables y los negocios cierran por no poder sostener los gastos fijos. Más allá de la posición política de cada ciudadano, la realidad derrumba el telón ilusorio y deja al descubierto las roturas y humedades de un país que fue un palacio, pero que ahora es un palacio en ruinas. Cómo despertar con una sonrisa ante este nuevo panorama? Cómo confiar en quienes prometieron respuestas y soluciones que quedaron a mitad de camino? Están los que cuentan muertos imaginarios, los que anuncian que el final ya llegó, están los que ya lo creen en nadie, los que lucran con la desgracia ajena y no faltan los que alientan a continuar con esta muerte lenta que representa una cuarentena sin fin.

Despegarnos de esa energía viscosa del nido de serpientes es el primer desafío de quienes quieran sobrevivir a la cuarentena. No dejarse llevar por el odio que apolilla los corazones, teniendo la certeza de que también esto pasará y veremos un nuevo Sol.  Salir del terror al contagio y atravesarlo con la frente alta, con determinación de quién no abandona así nomás la lucha. Cuestionarse cómo  girar la vida para mejor, proponerse nuevas metas, comprometerse con el país en lugar de criticarlo, combatir el mal en lugar de pasarse el día leyendo memes infames. Rezar mucho (o meditar, es lo mismo) para que no nos falten los reflejos para reaccionar ante la injusticia, el saqueo del malhechor, la astucia del que roba entre gallos y medianoche. Pedir al Universo, a Dios, a Hashem, entereza para no caer en la tentación de  cometer un Relato Salvaje y no salir a matar con un cuchillo entre los dientes a quienes te frenan el paso para ir a trabajar. Rogar al Espíritu Femenino, a la Señora, que nos de salud para resistir al COVID-19 y a todas las enfermedades contagiosas, psicosomáticas y psicológicas (que no son tomadas en cuenta) que suelen devenir cuando se priva a los ciudadanos de la libertad y se los somete de manera engañosa a la cuarentena más larga del mundo. Convocar a San Miguel para que nos guíe por el recto sendero y actúe según la Justicia Divina, ya que la de acá no piensa retomar tan pronto sus funciones.

La Fuerza vital no es esencialmente humana, requiere humildad para reconocernos incompletos sin la luz del Cielo, es la que nos sana las heridas y nos recompone para una nueva lucha. De su mano enfrentaremos el enojo y lo transformaremos en oportunidades. Dejaremos de estar seis horas por día en las redes sociales para reparar el eje de nuestras vidas y recuperaremos el sentido del tiempo. Volveremos a ordenar los placares, bajaremos esos kilos de más, volveremos a dormir de noche y leeremos a los autores que nos inspiran.

Ser fuerte no es un privilegio, es una decisión que se toma a conciencia , basada en el compromiso de no caer de rodillas  ante la locura del mundo. El autoengaño, la diversión barata, el pasado que no soltamos, la soledad y el miedo son agentes debilitadores que nos suministran diariamente los que nos quieren tristes y aislados. No se es fuerte de a uno, tenemos que animarnos a romper el cerco de la individualidad extrema que nos vendieron como fórmula de la felicidad.

Les deseo a todos que este confinamiento no apague la llama sagrada que ilumina todo corazón ardiente, que no les falte fe ni alegría, las puertas de acceso de la Fuerza vital. Como dijo el poeta portugués Fernando Pessoa, tudo vale a pena quando a alma nao é pequena.

 

(Ilustra una obra de Remedios Varo)