La hoja en blanco hoy es un objeto de culto, nos recuerda un tiempo de ayuno de palabras y silencios autóctonos. Evoca la obsolencia  del reloj pulsera, del termómetro analógico y de la sopera. Tiene el poder de no decir nada y de sugerirlo todo. El universo entero  cabe en ella, sin embargo, es desdeñada por los jóvenes, no faltan los distraídos que la garabatean para calmar los nervios, los japoneses la transforman en grullas, ranas y kimonos y los que esperan en los bares , de tanto doblarla  le inventan popa, proa, casco y zas, la hacen barco. Si el armador tiene suerte y llueve,  lo bota en la acera para que navegue hasta las alcantarillas de París. Todos los caminos conducen a Roma y todas las alcantarillas, a París.

La hoja en blanco es acusada de meterse en la cabeza de los desmemoriados y hacer desastres en los exámenes. Por  eso la catalogan síndrome, una verdadera barbaridad . Es tan recatada. Dicen las tías  que así vienen los niños antes de que los eduquemos, son una hojita en blanco

Nada supera su poder de sugestión, sin embargo, su neutralidad es aterradora. Propone un viaje cuyo recorrido es desconocido. Está hecha de materia, a la vez,  es inasible . De tan tonta, resulta conmovedora. Ilimitada, puede llevarnos a lo de Beatriz, con Dante y Virgilio en el asiento de atrás. Los escritores le temen más que a la tormenta eléctrica y a la pandemia.

A mí me gusta llenarlas de frases y, luego, hacer aviones que lleguen hasta el Sendero de las hojas sueltas, un lugar adonde van a parar las huérfanas de su especie, las que no tienen back up en la computadora, vidriera, kiosco ni editor. Es una localidad inmensa, no tanto como el continente de plástico del Océano Pacífico, pero bastante grandecita, localizada en las sierras de Córdoba. Otras, temerosas por su destino, se encaminan directamente al  Llullaillaco de Salta o  al volcán Antofagasta, en Catamarca. Prefieren la cremación.

En Delfos, si el nombre del esclavo liberado no estaba escrito en el muro de piedra, no era considerado un ciudadano libre. Durante más de ochocientos años las autoridades de los territorios griegos recurrían a la ciudad-oráculo para certificar la veracidad del trámite. La piedra y el papel son el pasado y el presente de una humanidad que tiene prisa. El futuro es Skuld, la más joven de las hermanas mitológicas, la que nos cortará internet cuando llegue el momento y nos dejará  flotando en el vacío, cual hoja al viento,  en una gozosa eternidad.

 

Ilustra pintura de Emil Node